De los YLL a los AVAD
Los años de vida ajustados por discapacidad (AVAD, o DALY por sus siglas en inglés: disability-adjusted life years) son una de las métricas centrales del estudio Global Burden of Disease (GBD).
Los años de vida perdidos (YLL) cuantifican la mortalidad prematura, pero se quedan cortos en un contexto de mayor esperanza de vida y mayor prevalencia de enfermedades crónicas: hoy se viven muchos más años con alguna de estas condiciones, que deterioran la salud sin causar la muerte.
¿Para qué se calculan?
Los AVAD combinan la mortalidad prematura (YLL) y la discapacidad, medida mediante los años vividos con discapacidad (AVD, o YLD: years lived with disability). Cuantifican así la pérdida total de salud atribuible a cada causa: no solo el tiempo perdido por muerte prematura, sino también el tiempo vivido con discapacidad por causas no mortales.
¿Cómo se calculan los AVD?
En su formulación basada en la incidencia, los AVD se obtienen multiplicando, para cada enfermedad, el número de casos incidentes por la duración media de la enfermedad y por su peso de discapacidad (1).
El peso de discapacidad toma valores entre 0 y 1, donde 0 equivale a salud plena y 1 equivale a la muerte (2).
La definición de estos pesos ha sido objeto de debate. En 1996, un grupo internacional de expertos los estableció mediante un procedimiento deliberativo recogido en la publicación La carga mundial de morbilidad. Posteriormente, un nuevo estudio impulsado, entre otros, por la Fundación Bill y Melinda Gates revisó la metodología para responder a las críticas, como la necesidad de considerar la perspectiva de la sociedad y de distintos entornos y culturas (3, 4).
¿Cómo se calculan los AVAD?
Históricamente, el cálculo podía incorporar preferencias sociales como la preferencia temporal (tasa de descuento), que da más peso a las pérdidas de salud cercanas al presente, y la ponderación por edad, que valora más los años de vida productiva (1, 2). Desde el GBD 2010, el proyecto dejó de aplicar ambos ajustes (5).
Ejemplo: primeras causas de AVAD en 2017
Según el GBD 2017, las diez primeras causas de AVAD en el mundo eran, por orden: 1) trastornos neonatales, 2) cardiopatía isquémica, 3) accidente cerebrovascular, 4) infecciones de las vías respiratorias bajas, 5) EPOC, 6) enfermedades diarreicas, 7) diabetes, 8) lesiones por accidentes de tráfico, 9) dolor lumbar y 10) anomalías congénitas.
En Colombia fueron: 1) violencia interpersonal, 2) trastornos neonatales, 3) cardiopatía isquémica, 4) dolor lumbar, 5) lesiones por accidentes de tráfico, 6) cefalea, 7) accidente cerebrovascular, 8) diabetes, 9) EPOC y 10) anomalías congénitas.
Qué muestra el ejemplo
- En Colombia, la violencia interpersonal no solo causaba mortalidad prematura, sino también discapacidad, hasta ser la primera causa de AVAD del país.
- Dolencias como la cefalea y el dolor lumbar aparecen entre las primeras causas de AVAD. Pueden abordarse en gran medida desde la atención primaria, y su posición debe alertar a ese nivel asistencial.
- La diabetes, que no figuraba entre las primeras causas de YLL, aparece entre las primeras de AVAD. Esto ilustra el valor del indicador: refleja la discapacidad causada por enfermedades no mortales, además de la mortalidad.
Referencias
- Álvarez Martín E. Caso práctico de carga de enfermedad. Madrid: Escuela Nacional de Sanidad; 2012. Tema 3.5.
- Seuc AH, Domínguez E, Díaz Díaz O. Introducción a los DALYs. Rev Cubana Hig Epidemiol. 2000;38(2):92-101.
- Organización Mundial de la Salud. Nuevos pesos de la discapacidad para la carga mundial de morbilidad. Bull World Health Organ. 2010;88(12).
- GBD 2017 Disease and Injury Incidence and Prevalence Collaborators. Global, regional, and national incidence, prevalence, and years lived with disability for 354 diseases and injuries for 195 countries and territories, 1990–2017: a systematic analysis for the Global Burden of Disease Study 2017. Lancet. 2018;392(10159):1789-858.
- Solberg CT, Sørheim P, Müller KE, Gamlund E, Norheim OF, Barra M. The Devils in the DALY: prevailing evaluative assumptions. Public Health Ethics. 2020;13(3):259-74.